Hay casas donde se pide permiso al hijo para poner la tele. Y hay madres que se encierran en el baño para poder hablar por teléfono tranquilas. Si algo de esto te suena, no te está pasando solo a ti: en 2025 se abrieron 4.038 procedimientos por violencia de hijos hacia padres, hermanos o abuelos, según la Memoria de la Fiscalía General del Estado. De ellos, 1.036 fueron en la Comunidad de Madrid, la comunidad que más registra de España, según el recuento por comunidades de la Fundación Amigó.
Y esos son los que llegaron a un juzgado. La mayoría de las familias aguantan años antes de contárselo a nadie.
En corto. Si tu hijo o tu hija te agrede, esto se llama violencia filio-parental. No se arregla solo con el tiempo y empeora si la respuesta son amenazas o castigos. Lo primero es contárselo a alguien y pedir cita en el Centro de Apoyo a las Familias de tu distrito, que es gratuito y no necesita derivación. Si hay peligro ahora, se llama al 112. A partir de los 14 años tu hijo responde penalmente; por debajo, el caso va a protección de menores.
Esto tiene nombre
Se llama violencia filio-parental, y es la que ejerce un hijo o una hija hacia quien le cuida. En la prensa lo vas a ver como «síndrome del emperador», que suena a diagnóstico pero no lo es: es una etiqueta periodística para una dinámica de convivencia.
No es cosa de chicos. Según el perfil que publica la Fundación Amigó, lo ejercen hijos e hijas en proporciones parecidas, aunque ellos recurren más a la fuerza física y ellas a la presión psicológica. Tampoco es una mala racha de la edad: la media de quien agrede ronda los 15 años, pero esto no se arregla cumpliendo años.
Cuándo deja de ser una discusión
Discutir con un adolescente es normal y hasta necesario. Lo que describe la guía de prevención de Acción Familiar es otra cosa, y tiene una forma bastante reconocible:
- Empieza por insultos y amenazas para conseguir algo concreto: dinero, la hora de volver, el móvil.
- Siguen las puertas y los objetos rotos. No al azar: suelen ser los que le importan a quien los recibe, y eso se elige.
- El golpe llega después, cada vez con menos motivo.
Para saber si ya habéis pasado de las discusiones, fíjate en quién decide. Cuando en casa las cosas se hacen según lo que vaya a provocar un estallido, el reparto de autoridad ya ha cambiado de sitio. El estudio del Gobierno Vasco lo describe como una inversión de la jerarquía que se refuerza sola: cuanto más miedo ve el hijo que provoca, más lo usa.
Un dato de ese mismo perfil que conecta con otra cosa que igual estás viviendo: casi uno de cada cuatro de esos adolescentes había sufrido acoso escolar. Si es vuestro caso, esta otra guía cuenta qué pedirle al colegio.
Qué hacer esta semana
Cuéntaselo a alguien. A una hermana, a una amiga, a la tutora. Lo que sostiene esto durante años es el silencio, y el silencio viene de la vergüenza que da decir en voz alta que tienes miedo de tu hijo de quince años.
Ten una lista de teléfonos a mano. Es la recomendación literal de la guía de Acción Familiar: policía, un familiar cercano, servicios sociales. Escritos y donde los puedas coger deprisa, no «me los sé».
Llama al 112 si hay peligro. Si la agresión pone en riesgo tu integridad o la de otra persona de la casa, eso no se gestiona hablando. Se llama y ya se hablará después.
Pide cita en el Centro de Apoyo a las Familias de tu distrito. Si vives en Madrid capital, esta es la puerta de entrada y mucha gente no sabe que existe. Entre los servicios de los CAF hay uno de atención y prevención de la violencia dentro de la familia, dirigido tanto a quien la sufre como a quien la ejerce. Es gratuito y se entra directamente, pidiendo cita sin que te derive nadie. Hay ocho centros para los 21 distritos: el de Carabanchel y Arganzuela está en la calle Eduardo Morales 28 (911 272 307), y aquí tienes los demás y el horario.
Lo que no ayuda, aunque salga solo
Subir la apuesta. La guía de Acción Familiar es clara en esto: cuando la respuesta son reprimendas, amenazas o castigos, lo habitual es que la conducta violenta aumente en intensidad y en frecuencia. Eso no significa dejar pasar las cosas. Significa que el castigo a secas no para nada.
Ceder para que la noche acabe en paz. Funciona esa noche y empeora la siguiente, porque confirma para qué sirve el estallido.
Y esperar, que es lo que sale más caro. La misma guía avisa de que la violencia filio-parental no desaparece sola si nadie interviene, y de que los periodos de calma no significan que esté resuelto. Tu hijo tampoco puede salir de ahí por su cuenta, aunque prometa que esta vez va en serio y lo diga de verdad.
Si has llegado hasta aquí asintiendo, no hace falta que lo resuelvas hoy entero. Escríbenos y lo vemos: estamos en Carabanchel y también atendemos por videollamada.
Los 14 años lo cambian todo
Es la frontera legal, y conviene saber de qué lado estáis antes de decidir nada.
Con menos de 14 años no hay responsabilidad penal. Lo dice el artículo 3 de la Ley Orgánica 5/2000: el caso sale de la vía penal y pasa a protección de menores. En la práctica, denunciar no abre un expediente contra él; lo que se activa es un aviso a la administración para que valore qué hace falta en esa casa. La Comunidad de Madrid tiene un servicio específico para estos menores, pero ojo, porque no se entra pidiendo cita: los casos llegan derivados desde la Fiscalía.
Con 14 cumplidos sí responde penalmente. La denuncia se pone en comisaría o en la Guardia Civil, y es la Fiscalía de Menores quien decide si abre expediente. La de Madrid está en Hermanos García Noblejas 37 B (914 931 202), y si necesitas saber cómo se presenta algo allí, lo práctico es llamar y preguntar, porque el procedimiento no está publicado.
Sobre denunciar a un hijo hay poco que decir desde fuera. Sí merece la pena saber qué suele salir de ahí, y no es la cárcel: entre las medidas que puede imponer el juez está la convivencia con otra familia o con un grupo educativo, y la propia Fiscalía la señala en su memoria como la más eficaz que tienen para estos casos. Quien denuncia no está pidiendo un castigo, está pidiendo que entre alguien más.
¿Y sentarse a hablar con un mediador?
Nos la hacen a menudo, y depende mucho de en qué punto estéis.
Una mediación funciona cuando las dos partes pueden hablar en condiciones parecidas. Si en casa hay miedo, esa condición no se cumple: lo que se firme en una sala lo decide quien manda en el salón. La propia ley del menor apunta en esa dirección, porque reserva las salidas por conciliación y reparación para los casos en los que no ha habido violencia o intimidación graves.
En Lekua esto lo tenemos decidido: con violencia en curso no mediamos. Lo que sí hacemos es acompañar a la familia mientras se para eso, que es otra cosa y va antes.
A quién llamar en Madrid
- Emergencias: 112. Si hay peligro ahora.
- ANAR, línea de familias y centros escolares: 600 50 51 52. Gratuito, para adultos que necesitan orientación sobre lo que está pasando con un menor.
- ANAR, línea de niños y adolescentes: 900 20 20 10 o 116 111. Gratuito y confidencial, para que llame él o ella.
- Centros de Apoyo a las Familias del Ayuntamiento: cita en el 010. Gratuito, sin derivación, con servicio específico para violencia dentro de la familia.
- Proyecto Conviviendo, de la Fundación Amigó: 667 496 157. Están en la calle Laurel 18 y trabajan solo esto. Pregunta por las condiciones, porque la gratuidad depende de la situación de cada familia.
Qué hacemos nosotras
Lekua no es un centro sanitario y no hacemos terapia ni diagnósticos. Hacemos acompañamiento: un sitio en Carabanchel donde contar lo que pasa en casa sin que nadie te mire como a una mala madre, ordenar qué toca hacer primero y sostener la parte larga, que es la de después de la llamada.
Y sí, se puede venir sin él. De hecho es lo más habitual al principio, porque quien agrede casi nunca quiere ir a ningún sitio. Se puede venir sola, en pareja o con quien convive en esa casa, y también por videollamada. Los precios están en tarifas, sin permanencia ni paquetes cerrados.
Si lo que tenéis en casa son broncas que acaban mal pero todavía podéis hablar, es otro momento y se trabaja distinto: lo contamos en cómo hablar con un adolescente cuando todo acaba en conflicto.
El estudio del Gobierno Vasco arranca con tres principios: la violencia nunca es aceptable, la única responsable es la persona que la ejerce, y las familias quieren acabar con la violencia, pero no con la relación. El tercero cuesta creerlo cuando llevas meses durmiendo mal. Suele ser lo primero que se recoloca cuando entra alguien de fuera.


